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Imagen de una donación de sangre.

Existe un grupo sanguíneo, muy escaso, que se considera como el donante universal. Se trata del O, tanto el positivo como el negativo. Éste es el más demandado en los hospitales porque puede ser donado a cualquier persona, sin riesgo de tener una reacción a la transfusión. A lo largo de los años, muchos científicos intentaron transformar otros grupos en este tipo de sangre para poder usarlo en los centros médicos.

Recientemente un grupo de investigadores encabezado por el científico de la Universidad de Columbia Británica Stephen Withers descubrieron la existencia de unas enzimas presentes en el intestino humano, capaces de convertir los grupos sanguíneos A y B en el tipo O, que puede ser usado para cualquier transfusión.

El método de las enzimas ya se intentó desarrollar en 2007, cuando investigadores de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) desarrollaron una forma de convertir los grupos A, B y AB en el grupo O. Transformaron la sangre utilizando enzimas recién descubiertas para la realización de transfusiones de sangre. Pero, la novedad de esta fórmula es que es hasta 30 veces más eficiente que las estudiadas previamente, según los científicos.

Los científicos de la Universidad de Columbia están trabajando para validar estas enzimas y probarlas a “mayor escala para posibles pruebas clínicas”. Además, planean llevar a cabo la evolución dirigida, una técnica de ingeniería de proteínas que simula la evolución natural, con el objetivo de crear la enzima de eliminación de azúcar más eficiente, según ha recogido la reunión anual de American Chemical Society (Sociedad Americana de Química ).

“Hemos estado particularmente interesados en las enzimas que nos permiten eliminar los antígenos A o B de los glóbulos rojos”, dice Stephen Withers. “Si puedes eliminar esos antígenos, que son simplemente azúcares simples, entonces puedes convertir A o B en O sangre”. Ha asegurado que los científicos han perseguido la idea de ajustar la sangre donada a un tipo común por un tiempo, pero todavía tienen que encuentre enzimas eficientes y selectivas que también sean seguras y económicas.

Enzimas del intestino humano

El equipo de Withers trabajó con técnicas de análisis masivo de ADN, conocidas como metagenómica, para muchos la microbiología del futuro. Con ello logró evaluar un alto número de genes de microorganismos que estuvieran especializados en producir sustancias capaces de dividir residuos del azúcar. Aunque inicialmente pensaron buscar candidatos entre mosquitos y sanguijuelas, por su capacidad de digerir sangre, finalmente optaron por buscarlos en el intestino humano.

“Con metagenómica, tomas todos los organismos de un entorno y extraes la suma total del ADN de esos organismos mezclados”, apunta Withers. En la investigación, los científicos usaron la bacteria Escherichia coli para seleccionar aquellos genes capaces de codificar enzimas que puedan adherirse a estos azúcares simples que determinan los tipos de sangre A y B.

“Soy optimista de que tenemos un candidato muy interesante para ajustar la sangre donada a un tipo común”, ha explicado Withers. “Por supuesto, tendrá que pasar por muchos senderos clínicos para asegurarse de que no tenga consecuencias adversas, pero se ve muy prometedor”, ha asegurado el científico durante la conferencia anual de la Sociedad Americana de Química en Boston, Massachusetts.