ARACELI GUEDE

José Miguel Cisneros

Los expertos lo advierten una y otra vez pero el mensaje parece que no cala: se está haciendo un uso excesivo e inadecuado de los antibióticos y las consecuencias son cada vez más graves. La última voz de alarma la han lanzado el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Ambos organismos redundan en que el abuso de estos medicamentos está originando bacterias cada vez más resistentes y tasas de mortalidad por infecciones muy preocupantes. Mientras la agencia europea estima en 33.100 el número de personas que pierden la vida cada año por esta causa en la UE, 1.900 de ellas en España, el club de los países desarrollados pronostica que de aquí a 2050, unos 77.700 españoles habrán muerto por la resistencia bacteriana. Su impacto es comparable al de la gripe, la tuberculosis y el sida juntos. 

Desde la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), su presidente, José Miguel Cisneros, espera que estudios como estos ayuden a que “un problema de esta magnitud” capte el interés de la ciudadanía y de las instituciones sanitarias.

¿Estamos ante un asunto muy grave?
Exactamente. Hay pocas causas que produzcan tanta mortalidad en Europa como esto. Si seguimos así, la situación de ahora, que es horrible, será catastrófica. Un estudio previo en Reino Unido ya estimó que en 2050 las muertes a causa de infecciones por bacterias multirresistentes superarán al cáncer. Dentro de este grave problema de salud pública mundial, España está a la cabeza en el consumo de antibióticos, sin ninguna razón epidemiológica, y a más consumo, más resistencia bacteriana.

¿Volverán a ser mortales enfermedades que han logrado ser curadas?
Esa es la cuestión. No es natural que una persona con neumonía tenga ahora una mortalidad igual a la de la época de nuestros abuelos. Es un retroceso que pone en riesgo la medicina moderna porque sin antibióticos no se pueden hacer trasplantes, ni dar quimio, ni hacer cirugías complejas… No podemos seguir en esa línea, nos estamos quedando sin antibióticos efectivos.

¿Se debe a que los médicos los han recetado en exceso o a la automedicación?
Las dos cosas. Las indicaciones las hacen los médicos y han hecho una hiperprescripción. Los ciudadanos por otra lado han contribuido a la resistencia al no seguir de manera rigurosa los tratamientos, tomarlos sin receta… Hay una responsabilidad social que es única de los antibióticos y que tenemos que explicarles: la persona que genera resistencia puede transmitirla a su familia, a sus amigos, a su comunidad. Esto no lo hemos sabido transmitir y es una de los motivos de por qué estamos donde estamos. 

¿Falta concienciación?
El problema no cuenta ni con el interés de la sociedad, ni de los políticos ni de muchos profesionales. En la SEIMC hicimos un estudio en marzo con 907 pacientes con infecciones por bacterias multirresistentes diagnosticados en 82 hospitales españoles durante una semana. Hicimos el seguimiento a lo largo de un mes y fallecieron 177. Esto supera en ocho veces las muertes en carretera del mismo periodo del año anterior. Los accidentes de tráfico tienen un programa con financiación, como debe ser. Nosotros tenemos este grave problema pero no hay voluntad de arreglarlo. 

¿Qué respuestas se requieren?
El 22 de octubre nuestra sociedad celebró en el Congreso de los Diputados el primer foro de resistencia para tratar de sensibilizar a los políticos de la necesidad de que incluyan en los Presupuestos Generales una partida específica para tratar este problema. Tenemos el Plan de Lucha contra la Resistencia, puesto en marcha por el Ministerio de Sanidad en 2014, pero no tiene financiación y, por lo tanto, carece de resultados. Esta exigencia social requiere financiación para poner en marcha equipos de control que permitan identificar pronto al paciente con infección y evitar más casos y mejorar el uso de los antibióticos que tenemos. Son necesarios recursos humanos, equipamiento y recursos en farmacia, para que las prescripciones de antibióticos sean más seguras con métodos electrónicos. También faltan especialistas en enfermedades infecciosas, que son clave.

¿Cuánto dinero calculan que es necesario para poner en marcha ese plan?
Requeriría un presupuesto anual en torno a entre cuatro y ocho millones de euros, distribuidos por todo el país, desde el presupuesto nacional hasta el de las comunidades. En cuanto a la especialidad, no tiene coste. La especialidad de enfermedades infecciosas está creada la estructura asistencial en las comunidades. Hay casi 50 servicios de enfermedades infecciosas en diferentes hospitales y las plazas de residentes están creadas. Lo único que hay es que redirigirlas y permitiría normalizarnos con Europa, porque en Europa existe y en España no.

¿Qué otras medidas se pueden adoptar para reducir la resistencia bacteriana?
Evitar las infecciones y para ello hay dos mensajes clave: de higiene personal y de los alimentos, y la prevención mediante vacunas. Tenemos un calendario vacunal excelente, pero el nivel de cumplimiento es muy bajo. La vacuna que más infecciones previene es la de la gripe y la tasa de vacunaciones es muy baja. Las personas que se vacunan de la gripe se protegen de sufrir sus complicaciones bacterianas, que son muy comunes, y por tanto de recibir antibióticos. Si la vacunación de la gripe la mejoráramos mucho sería una cuestión fundamental contra la resistencia. Necesitamos formar a los ciudadanos para que entiendan que la prevención siempre es lo más importante.