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A finales del año pasado tuvimos la oportunidad de analizar uno de los televisores OLED a los que más ganas teníamos de poner «los ojos encima»: la versión de 55 pulgadas de la familia C7 de LG. La razón por la que nos llamó inicialmente la atención este televisor no era otra que la posibilidad de acceder a la calidad de imagen de un modelo con panel OLED por un precio que, sin ser en absoluto una ganga, era razonable y más competitivo de lo habitual. Después de nuestras pruebas nuestras expectativas iniciales se vieron confirmadas: los modelos de la gama C7 tenían una relación precio/prestaciones estupenda.

Con este precedente es comprensible que no hayamos dejado escapar la oportunidad de analizar a fondo uno de los modelos de la familia C8, que, como podéis intuir, es la sucesora de la gama C7 en el porfolio de LG para 2018. Eso sí, en esta ocasión el modelo que nos ha hecho llegar LG es el de 77 pulgadas, de prestaciones idénticas a los de 55 y 65 pulgadas, pero con unas dimensiones sensiblemente mayores, como cabe esperar debido al incremento de la diagonal de su panel. El reto que tiene por delante este televisor es demostrarnos si la familia C8 tiene una relación coste/prestaciones tan atractiva como la gama C7 que probamos el año pasado. Os proponemos que sigáis leyendo y lo averigüemos juntos.

LG OLED C8: especificaciones técnicas

A diferencia de la serie B8, que es la familia de entrada a la gama OLED de LG de este año, la C8 cuenta con el mismo procesador de imagen que las superiores E8 y W8: el chip Alpha 9. Este procesador es un diseño con cuatro núcleos de procesado (CPU), otras cuatro unidades de procesado gráfico (GPU) y su propia memoria DDR. A diferencia del Alpha 7, que era el procesador de imagen más avanzado que tenía LG el año pasado, el Alpha 9 es capaz de procesar datos de hasta 14 bits, lo que sin duda lo posiciona como uno de los componentes más interesantes de los nuevos televisores de esta marca.

Las dos novedades más llamativas introducidas por LG en su porfolio de televisores OLED este año son el procesador de imagen Alpha 9 y la tecnología de inteligencia artificial ThinQ

La otra novedad que la marca surcoreana ha introducido en sus televisores este año es la tecnología ThinQ, que representa la llegada de lo que LG llama «inteligencia artificial real». Sobre el papel sus posibilidades son similares a las que nos ofrecen los smartphones de la marca que también cuentan con esta innovación, pero, al margen de su evidente utilización como una herramienta de marketing, que es algo que a nosotros como usuarios a estas alturas no nos impresiona, lo que nos importa es su posible impacto en nuestra experiencia. Profundizaremos en esta área un poco más adelante.

Especificaciones técnicas LG OLED C8
Tamaños disponibles 55, 65 y 77 pulgadas
Panel OLED de 10 bits
Resolución 4K UHD (3.840 x 2.160 puntos)
Procesador de imagen Alpha 9 de 14 bits
HDR Dolby Vision, Technicolor, HDR 10 y HLG
Cobertura espacio de color DCI P3 99%
Mapeado de color LUT 33 x 33 x 33
Conexiones físicas 4 x HDMI, 3 x USB, 1 x salida óptica EIAJ/TosLink, 1 x entrada antena coaxial (sintonizador DVB-T2), 1 x RJ-45 y 1 x salida auriculares minijack
Conectividad inalámbrica WiFi 802.11ac y Bluetooth
Compatibilidad VESA Sí (300 x 200)
Sistema operativo WebOS 4.0
Sonido 2.2 canales con woofer de 40 vatios / Dolby Atmos
Dimensiones con peana 1.228 x 757 x 230 mm (55″) / 1.449 x 881 x 230 mm (65″) / 1.722 x 1.052 x 253 mm (77″)
Peso (Kg) 19,1 (55″) / 25,4 (65″) / 36,5 (77″)
Precio  2.130,81 euros (modelo de 55″)

Una de las características más atractivas de este televisor es, sin lugar a dudas, su compatibilidad con la mayor parte de los formatos HDR que poco a poco se están haciendo con el apoyo de los productores de contenidos, como son Dolby Vision, una tecnología de la que os hemos hablado con bastante profundidad en otros artículos, HDR avanzado de Technicolor, HDR10 Pro y HLG Pro. El contraste nativo y la gama de color que son capaces de reproducir los televisores OLED son dos características que, junto al máximo nivel de brillo que consiguen entregar, contribuyen a que el HDR luzca de maravilla en los modelos que recurren a esta tecnología de panel.

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Otra característica interesante de este televisor de LG, sobre todo si tenemos presente que suele ser el «talón de Aquiles» de la mayor parte de las teles que han llegado al mercado durante los últimos años, es el sonido. Este modelo, al igual que otras propuestas de esta marca, es capaz de procesar sonido Dolby Atmos, que, en vez de trabajar con canales, lo hace con objetos que es posible posicionar en un espacio tridimensional en torno a los espectadores. Un poco más adelante descubriremos si el sonido de este televisor es satisfactorio o si, una vez más, la mejor opción para los aficionados al cine en casa y los videojuegos no es otra que recurrir a un equipo de audio externo.

Diseño y acabado de primera división

En las primeras líneas del texto de este análisis os confesé que el modelo de la familia C8 que hemos tenido ocasión de analizar es el de 77 pulgadas, un «monstruo» con una envergadura que intimida (mide 1.722 x 1.052 x 253 mm con la peana incluida). Sin embargo, a pesar de su tamaño es un televisor elegante y nada tosco gracias, sobre todo, a lo finos que son sus marcos (0,9 cm) y al cuidado diseño de su peana, fabricada íntegramente en aluminio y con un mecanizado impecable. Si estas son las sensaciones que transmite este modelo podemos confiar en que los otros dos televisores de esta familia, los modelos de 55 y 65 pulgadas, son al menos igualmente atractivos desde un punto de vista estético.

En las fotografías que ilustran el análisis podéis ver que la peana no iguala la anchura del televisor, pero tiene una longitud importante. Este diseño me gusta incluso más que el de la peana de la familia E8 porque garantiza una excelente estabilidad incluso en un modelo tan voluminoso como es el de 77 pulgadas. Esta es una característica que habitualmente pasa desapercibida, y es una lástima que sea así porque una peana bien diseñada y capaz de proporcionar al televisor una elevada estabilidad puede evitarnos un disgusto, sobre todo si hay niños en casa y corremos el riesgo de que la tele sufra algún golpe fortuito que podría provocar su caída.

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En la fotografía que tenéis debajo de estas líneas podéis ver el acabado del perfil lateral del panel, mecanizado en aluminio y con un diseño realmente bonito. La mitad superior del televisor es completamente plana y tiene un grosor mínimo debido a que la electrónica reside en un bloque alojado en la mitad inferior. Incluso mirándolo por detrás este televisor es bastante atractivo.

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Esta es la experiencia que nos ofrece en nuestro día a día

En los dos próximos apartados profundizaremos en la calidad de imagen que nos propone este televisor y en la experiencia que nos ofrece cuando lo utilizamos para disfrutar contenidos cinematográficos y videojuegos. Sin embargo, antes de llegar a esa parte del análisis me parece interesante que indaguemos en otras características de este modelo que también tienen un impacto directo en nuestra experiencia, y que no siempre reciben la atención que merecen.

Una de ellas es el diseño de los menús en los que nos vemos obligados a sumergirnos cuando necesitamos acceder a los parámetros de configuración del televisor, o bien tenemos que instalar o ejecutar una app, entre otras opciones. Como podéis ver en la siguiente fotografía, los menús de este televisor no son muy diferentes de los de otros modelos de LG con WebOS que hemos tenido la ocasión de analizar, pero nos ofrecen dos niveles de profundidad que me parecen muy acertados porque, de esta forma, los parámetros que utilizamos con más frecuencia permanecen más accesibles.

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Una de las funciones a las que muchos usuarios recurrirán habitualmente es la que nos permite cambiar el modo de imagen. Si queremos habilitar el «modo juego» porque vamos a echar una partida con nuestra consola de videojuegos y necesitamos reducir la latencia de entrada solo tenemos que presionar el botón Home del mando a distancia y enseguida aparecerá el menú que enumera los modos de imagen en uno de los laterales de la pantalla, sin necesidad de que nos veamos obligados a profundizar en varios niveles de menús hasta dar con la opción apropiada.

El SoC integrado en este televisor mueve la interfaz de WebOS con mucha fluidez, una cualidad que mejora nuestra experiencia

De esta forma ahorramos tiempo y esfuerzo. Sin embargo, si queremos acceder al menú de calibración profesional ISF del televisor sí tendremos que navegar a través de varios menús, algo que no me parece mala idea, por un lado, porque es una operación poco frecuente, y, por otra parte, porque ocultando estas opciones avanzadas de un acceso inmediato evitamos la modificación accidental de algunos parámetros delicados.

Otra característica de este televisor que me ha sorprendido positivamente y que también tiene un impacto directo en nuestra experiencia es la fluidez con que el SoC integrado es capaz de mover la interfaz del sistema operativo. Honestamente, no sé si WebOS es más ligero que Android TV, pero de lo que sí estoy seguro es de que las acciones que llevamos a cabo en este televisor y el desplazamiento a través de la interfaz son sensiblemente más fluidos que en los últimos televisores de Sony y Philips con Android TV que he tenido la ocasión de analizar. Me parece una noticia muy buena porque este es uno de los apartados que he criticado hasta la saciedad en otros modelos.

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Esa fluidez sigue estando presente cuando presionamos el botón identificado con un micrófono en el mando a distancia para activar el reconocimiento de nuestra voz. Durante las pruebas me sorprendió bastante que el reconocimiento fuese un poco más rápido en este televisor de LG que en mi smartphone Galaxy S7 Edge de Samsung, un modelo que ya tiene algunos años pero que cuenta con un SoC aún muy capaz. En el televisor la identificación de nuestras palabras es precisa y muy rápida, dos cualidades necesarias para que nuestra experiencia al utilizar la inteligencia artificial (IA) sea satisfactoria.

La IA que LG ha integrado en este televisor nos permite llevar a cabo operaciones de cierta complejidad de una forma cómoda, ofreciéndonos una experiencia similar a la que tenemos en nuestros smartphones

¿Y qué es lo que nos permite hacer la IA de este modelo? Por un lado, acceder a la mayor parte de las funciones implementadas en los menús de usuario, como, por ejemplo, iniciar una aplicación, seleccionar una entrada de vídeo o habilitar un modo de imagen. Y, por otra parte, ThinQ, que es como LG llama a su IA, también implementa una capa de inteligencia adicional que nos permite pedir al televisor que lleve a cabo operaciones de cierta complejidad.

Podemos, por ejemplo, acceder a nuestro repositorio de fotografías en Google Fotos e iniciar una búsqueda filtrando la salida, pedir que nos informe acerca del tiempo que va a hacer en una ubicación geográfica a la que tenemos la intención de viajar, localizar un determinado tipo de contenidos en Internet o programar el apagado automático del televisor, entre muchas otras opciones.

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Así rinde este televisor con películas

Para poner a prueba la calidad de imagen que nos ofrece este televisor recurrí a mi batería habitual de películas en formato físico, entre las que destacan las ediciones en formato Blu-ray 4K de ‘Blade Runner: 2049’, ‘El renacido’ y ‘La llegada’, así como en Blu-ray Disc de ‘El caballero oscuro’ y ‘Dunkerque’. No obstante, antes de entrar en detalles me parece importante destacar que la calibración que habilita este televisor al activar el «modo cine» tal y como viene de fábrica está muy lograda. El ajuste del color y el contraste me parece impecable, por lo que es posible que muchos usuarios se conformen simplemente con reducir el impacto del algoritmo de suavizado del movimiento. O bien desactivarlo completamente.

Este televisor sale muy bien calibrado de fábrica, por lo que podemos disfrutarlo mucho con unos ligeros retoques

Eso sí, quien quiera sacar el máximo partido a su televisor tiene la opción de llevar a cabo el proceso de calibración ISF (Imaging Science Foundation), que, cuando es ejecutado por un profesional, nos asegura que nuestra «tele» nos está entregando la imagen más fidedigna y con más calidad que es capaz de restituir. No obstante, os aseguro que no es imprescindible hacerlo para disfrutar la estupenda calidad de imagen que nos ofrece este televisor.

En lo que concierne al nivel de detalle en las regiones oscuras, la profundidad y la uniformidad de los negros, este televisor es un OLED en toda regla. Rivaliza con los mejores modelos con esta tecnología que he analizado tanto de otras marcas como de la propia LG. Por otro lado, su gama cromática es muy amplia, lo que junto a su elevado nivel de detalle le permite reproducir con nota uno de los elementos más difíciles de restituir con naturalidad: la piel humana.

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Dos características de las imágenes generadas por este televisor que reflejan el buen trabajo que lleva a cabo el procesador de imagen son la prácticamente total ausencia de ruido de alta frecuencia y lo suaves que son las transiciones entre los colores. De hecho, no se aprecia prácticamente ningún tipo de realce de contornos. Y no me estoy ciñendo únicamente a las fuentes de vídeo de más calidad, como son las películas en BD 4K y BD, sino también a los servicios de vídeo bajo demanda, como Netflix. La calidad de imagen que nos ofrece este televisor en películas como ‘El final de todo’, que está disponible en 4K UHD, o ‘Doctor Extraño’, disponible en HD, es fantástica. De hecho, es tan alta que es difícil distinguir estas películas de las ediciones en formato físico, un mérito a repartir entre el servicio de VOD y el procesado que lleva a cabo el propio televisor.

No podemos concluir este apartado sin indagar en un tema peliagudo. ¿Cómo suena este televisor? Bien. Está por encima de la media, sobre todo si la banda sonora de la película acompaña. Durante mis pruebas me di cuenta de que el sonido de la película de Netflix ‘El final de todo’ tenía un impacto y una resolución inusuales, y no tardé en darme cuenta de la razón: está codificado en formato Dolby Atmos y este televisor es capaz de procesarlo. Si la fuente acompaña, este televisor nos ofrece un audio convincente, pero, aun así, su impacto y, obviamente, su direccionalidad no pueden competir con los que nos ofrece un buen equipo de cine en casa multicanal. Por esta razón, a los aficionados más exigentes les aconsejaría que se hagan, al menos, con una buena barra de sonido. O, mejor aún, con un receptor de A/V y un conjunto de cajas acústicas 5.1 o 7.1 de cierta calidad.

Esta es la experiencia que nos ofrece con juegos

Vamos ahora con otro escenario de prueba especialmente interesante cuando de lo que se trata es de ver qué podemos esperar de este televisor. Para ver qué tal rinde con videojuegos recurrimos a la Xbox One X que tenemos en nuestro laboratorio y a juegos como ‘Gears of War 4’, ‘Forza Motorsport 7’ o ‘La Tierra Media: Sombras de Guerra’, entre otros. ¿El resultado? Impresionante. La experiencia que nos ofrece esta consola de Microsoft en un televisor OLED de 77 pulgadas es excitante. Todo lo que he descrito cuando hablaba de su calidad de imagen con contenido cinematográfico puede aplicarse también a los videojuegos, especialmente en lo que concierne a los negros y el nivel de detalle en sombras. Con la reproducción del color los videojuegos son menos exigentes que el contenido cinematográfico en imagen real.

Una de las cualidades que tienen los paneles OLED cuando los utilizamos para jugar consiste en que su tiempo de respuesta es prácticamente instantáneo, y esta característica se nota cuando jugamos con un título de acción en primera persona o un juego de lucha. Por otro lado, para reducir la latencia de entrada es imprescindible activar el «modo juego». Al hacerlo deshabilitaremos la mayor parte del procesado de las imágenes y la latencia se reducirá hasta quedar situada en la órbita de los 20 ms, que es un valor muy bueno. Estas dos características contribuyen a que este televisor, al margen de su calidad de imagen, sea muy apetecible para jugar.

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La única pega que puedo poner a este televisor si va a ser utilizado con frecuencia para jugar es la misma que se puede poner a cualquier televisor OLED: la posibilidad de que los elementos estáticos de las imágenes a la larga provoquen retención permanente en el panel. No hace mucho publicamos un artículo en el que indagamos en las técnicas que utilizan los fabricantes de televisores OLED para evitar la retención de las imágenes en el panel. Las marcas aseguran que es un problema que tienen controlado y que sus algoritmos previenen con eficacia, pero, aun así, me parece comprensible que los usuarios tengamos ciertas reticencias ante el efecto que esas partes estáticas pueden tener en el panel a largo plazo.

Y esto es lo que se siente al tener delante una «tele» de 77 pulgadas

Las 77 pulgadas que tiene el panel de este televisor no son aptas para cualquier habitación, como es evidente. Es mucho más fácil encontrar el lugar apropiado para una «tele» de 55 pulgadas que para este monstruo de casi 1,80 cm de anchura. Este es, sin duda, el primer escollo con el que no nos queda más remedio que lidiar. Y aún queda otro más: su precio. Los 2.130,81 euros de la versión de 55 pulgadas son bastante razonables dada su calidad, pero los casi 8.500 euros que cuesta el modelo de 77 pulgadas imponen una barrera insalvable para muchos usuarios. Como podéis ver, la diferencia entre ambos modelos en términos de precio es mucho mayor que si nos ceñimos a su diferencia de tamaño.

La versión de este televisor que hemos analizado, la de 77″, cuesta la friolera de 8.500 euros

Eso sí, si tenemos el dinero y el espacio necesarios para hacernos con el modelo grande, nuestra experiencia será, cuando menos, impactante. La calidad de imagen de los tres modelos de esta familia es esencialmente la misma, al margen de su tamaño. Si utilizasen paneles LCD LED podría haber diferencias sutiles en la homogeneidad del nivel de brillo en la superficie del panel que favorecerían a los modelos más pequeños. Pero en estos modelos con panel OLED no debería haber diferencias significativas entre versiones del mismo televisor con distinto tamaño en lo que concierne a su calidad de imagen global. Entonces, ¿qué nos ofrece el modelo de 77 pulgadas que no podemos esperar de los de 55 y 65 pulgadas? Sencillamente, una capacidad de inmersión mayor en los contenidos.

El importante tamaño del panel de este televisor nos permite sumergirnos tanto en los contenidos cinematográficos como en los videojuegos de una forma mucho más intensa que los televisores más pequeños. Además, la elevada calidad de imagen del panel lo dota de una profundidad muy lograda. Eso sí, un punto importante que tenemos que resolver es la distancia a la que debemos sentarnos de él para que nuestra experiencia sea la mejor. Un truco que suele funcionar bastante bien, y que, según mi experiencia durante las pruebas de este televisor, también se adapta bien a esta pantalla, es la «regla de los 4,5 centímetros por pulgada», que nos indica la distancia mínima a la que debemos sentarnos.

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Si hacéis números comprobaréis que esta regla nos propone sentarnos a una distancia mínima de este televisor de casi 3,5 metros, pero, en mi opinión, la mayor inmersión la conseguiremos, sin que nuestros ojos se fatiguen, sentándonos a una distancia que oscila entre los 3 y los 3,5 metros. Más cerca podemos acabar fatigados en relativamente poco tiempo, y más lejos perdemos capacidad de inmersión. Pero a esa distancia casi pasamos a formar parte de la acción de las películas y los videojuegos. En cualquier caso, esto solo es una aproximación y lo ideal es que cada usuario pruebe a qué distancia se siente más cómodo. En los televisores 4K UHD la resolución es tan alta que apenas impone restricciones, a menos que nos acerquemos muchísimo al panel.

Por otro lado, para que la experiencia sea totalmente satisfactoria no es imprescindible que enviemos al televisor imágenes con resolución 4K UHD. Con películas y videojuegos a esta resolución la imagen es impactante por su nivel de detalle y por todo lo que hemos visto en los apartados anteriores, pero el escalado desde la resolución 1080p es tan bueno que la diferencia entre 4K UHD y esta última resolución no es ni mucho menos grande. De hecho, aporta más el HDR que la diferencia de resolución a este nivel. Eso sí, por debajo de 1080p en un televisor con un panel tan grande la experiencia se resiente mucho porque el escalado ya no es tan eficaz, lo que unido a un tamaño de píxel sensiblemente mayor en el modelo de 77 pulgadas que, por ejemplo, en el de 55 pulgadas, provoca que la calidad de imagen se reduzca claramente.

LG OLED C8: la opinión y nota de Xataka

Este televisor no me ha defraudado. Sí, sigue los pasos de su predecesor, el modelo C7 que tanto nos gustó el año pasado. De hecho, lo aventaja ligeramente en algunos parámetros clave vinculados a su calidad de imagen gracias a la potencia del procesador de imagen Alpha 9 y a la precisión con la que trabajan los algoritmos de reducción del ruido de alta frecuencia, suavizado de las transiciones entre tonos y conversión del color. ¿El resultado de todo esto? Una calidad de imagen muy alta a la que es muy difícil poner pegas.

El procesador Alpha 9 es en cierta medida responsable de la calidad de imagen de este televisor

Pero para juzgar un televisor no debe bastarnos analizar su calidad de imagen. También importan su diseño, su construcción, la rapidez con la que mueve la interfaz y su compatibilidad con los formatos de HDR más extendidos, entre otros factores relevantes. Y en todos estos parámetros este televisor sale bien parado. Incluso, como acabamos de ver, es atractivo con videojuegos gracias a su tiempo de respuesta mínimo y muy razonable latencia de entrada.

¿Pegas? Su sonido, que aunque es convincente no está a la altura de su calidad de imagen, por lo que para cine y videojuegos sigue siendo necesario optar por un equipo de audio externo, como una buena barra de sonido, o, mejor aún, un equipo 5.1 o 7.1. También es interesante tener en cuenta que si lo vamos a utilizar para jugar con mucha frecuencia cabe la posibilidad de que a largo plazo se produzca el marcado permanente de algunos elementos estáticos de las imágenes. Y, por último, su precio, que aunque es razonable (el modelo de 55 pulgadas lo podemos encontrar por poco más de 2.100 euros), es muy superior al del televisor con el mismo tamaño de la gama C7 del año pasado. Aunque posiblemente en unos meses podamos conseguir los modelos de 55 y 65 pulgadas de la familia C8 a un precio sensiblemente más bajo. Merece la pena seguirles la pista.

9,1

Diseño9
Calidad de imagen9,5
Sonido8,5
Interfaz y Software9,5

A favor

  • Negros profundos y alto nivel de detalle en zonas oscuras
  • Excelente colorimetría
  • Compatibilidad con las principales tecnologías HDR
  • Bonito diseño y cuidada construcción
  • La interfaz de WebOS se mueve con fluidez

En contra

  • Su sonido es satisfactorio, pero no lo suficiente para conformarnos con él en cine y videojuegos
  • La posibilidad de que se produzca retención permanente de imágenes en videojuegos

El equipo ha sido cedido para la prueba por parte de LG. Puedes consultar nuestra política de relaciones con empresas

Más información | LG
En Xataka | LG OLED C7, análisis: posiblemente el mejor OLED por precio de 2017

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La noticia LG OLED C8, análisis: esta es la experiencia que nos ofrece este televisor OLED «catapultado» por sus impactantes 77 pulgadas fue publicada originalmente en Xataka por Juan Carlos López .