AMAYA LARAÑETA

Emilio Silva

Emilio Silva es el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, organización que lleva 17 años ayudando a las familias a recuperar los restos de víctimas del franquismo enterrados en fosas y cunetas. Silva dice que el Gobierno tiene que “desacralizar” el Valle de los Caídos y “convertirlo en aconfesional” si lo que pretende es dejarlo como “cementerio civil”, tal y como ha propuesto este miércoles el presidente, Pedro Sánchez.

¿Qué opina de que el Gobierno renuncie a resignificar el Valle de los Caídos?
Nosotros creemos que la palabra resignificación es un tanto abstracta, aparecía en el informe que hicieron los expertos en 2011 y anteriores declaraciones del PSOE, pero hay miles de posibilidades para resignificar un monumento como ése. Lo que hemos defendido es que si se quiere que sea un cementerio civil, habrá que desacralizarlo y convertirlo aconfesional, como es el Estado constitucionalmente en este momento. No sabemos a qué se debe este cambio de criterio del Gobierno (que ha descartado hacer un museo de la memoria), pero podría deberse a las negociaciones con la Iglesia a la hora de entrar en la basílica para exhumar los restos del dictador. Aun así nosotros pedimos que si se deja como cementerio civil, que sea civil en todos los sentidos y aconfesional.

¿Qué harían ustedes después de la exhumación de Franco?
Es que no basta con eso. El Valle de los Caídos hay que ‘desfranquicizarlo’. Sé que suena a trabalenguas, pero es así. Encima de la misma puerta del Valle, por la que entra el público, hay un escudo de los Reyes Católicos y está también el escudo personal de Franco. Como lo está también en la vajilla de la hospedería de los monjes benedictinos que gestionan el Valle. Una aplicación correcta de la ley de memoria histórica exigiría cambiar esto, lo cual también es en cierto modo la resignificación. Seguimos diciendo que debería, además, haber algo allí que recuerde a todos esos presos políticos que perdieron tantos días de libertad y enterraron parte de su juventud para construir el mausoleo que ensalzara a un dictador. Vaya por delante que también pedimos que se realice un estudio técnico de cómo están todos los restos humanos dentro del Valle. Y facilitar a las familias que puedan llevarse los restos que sean extraíbles. No puede darse un cerrojazo al Valle al sacar a Franco y que las familias que llevan años reclamando ese derecho no puedan llevarlo a cabo.

¿Cree necesaria la comisión de la verdad que quiere el Gobierno?
Una comisión de la verdad se hizo en Sudáfrica, en Perú, en Chile, en Corea del Sur… Hay que ver en qué condiciones y con qué competencias. Pero todo lo que sea caminar hacia la verdad nos parece bien. Primero, porque en los años 70 se llevó a cabo una quema de toneladas de documentos por parte de la policía franquista que ya nunca conoceremos, pero es que además sabemos que se esconde mucha información sobre ese pasado y podría salir a la luz. La comisión debería también acabar con mitos tales como esos que se escuchan de que hay que reparar a los dos bandos. La comisión debería dejar constancia de todo lo que Franco gastó en reparar de lo que llamó “violencia roja” a sus adeptos, a los que procuró ayudas, miles de puestos de trabajo, licencias para abrir estancos o gasolineras, e incluso financiación para su exhumación. Eso también hay que contarlo. No hay que tener miedo a la verdad, ninguna verdad.

Lo más cuestionable es esta idea de Sánchez de incluir a todas las sensibilidades. Máxime ahora que estamos viendo por televisión la negación de crímenes. Esto en países como Francia, con los colaboracionistas, o en Alemania, con los nazis, sería impensable. Supone una normalización de la dictadura y una contaminación de la democracia. Evidentemente la comisión debe recoger todas las sensibilidades, pero desde el rigor, la busca de veracidad y el respeto a los derechos humanos. Ese debería de ser el marco de la comisión de la verdad. Hay que saber qué paso en Paracuellos y cómo fueron asesinadas muchas personas después del 1 de abril de 1939. Y luego cada cual con su libertad que piense lo que le dé la gana.

¿Cree usted que cerraría heridas?
Lo que yo creo que cerraría heridas de verdad es que el Estado se ponga ya a buscar a los desparecidos. Como se lo hemos pedido al nuevo Gobierno hace dos meses por escrito en el registro. Y conviene recordarlo hoy porque mañana se celebra mundialmente el día contra la desaparición forzada y todavía hay miles de muertos en las cunetas y ni un solo gobierno que haya hecho suya la responsabilidad de buscarlos. Lo hacemos las asociaciones. con voluntarios internacionales, y es toda una responsabilidad. A día de hoy tenemos una lista 114.226 desaparecidos. En la asociación hemos recibido 12.000 peticiones, de los cuales se han exhumado alrededor de 8.500. No sabemos cuántas familias quedan por reclamar y pueden permitir identificar, pero el Estado debe apoyarlas. No puede depender de los fines de semana de arqueólogos o forenses que dedican a esto su tiempo libre. La ONU ya le ha dicho a España que es su obligación tender a esas familias. Pedimos al gobierno que haga un plan nacional de búsqueda de desaparecidos, que coordine a las comunidades autónomas, y ponga a los laboratorios y a sus forenses a liderar esto. El Estado en poco tiempo podría solucionar el problema. Hablamos de hijos que quedan vivos y que son muy mayores. No pueden seguir esperando porque saben que igual no viven lo suficiente para poder dejar a uno de sus padres fuera de una cuneta.