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Frío helador en Madrid

Desde hace años, diversos estudios han confirmado que el frío es bueno para adelgazar, ya que activa un tipo de grasa —la parda o marrón, llamada comúnmente grasa ‘buena’— que quema los lípidos para mantener nuestra temperatura corporal y puede ser la solución al problema de la obesidad. Sin embargo, una reciente investigación dirigida por Guadalupe Sabio, científica del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC) de Madrid, también pone de manifiesto que el frío acelera el funcionamiento del corazón, lo que podría generar arritmias, advierte esta investigadora en declaraciones a El País.

Dicho estudio, publicado en la revista especializada PLOS Biology, ha desvelado el mecanismo por el que la grasa parda se activa para producir calor eliminando el exceso de grasa, unos resultados con potenciales implicaciones clínicas para el tratamiento de la obesidad y enfermedades como la diabetes.

Según explicó la investigadora Nuria Matesanz en el comunicado de CNIC, la proteína p38 alfa “podría regular una proteína clave para activar la grasa parda, que es la responsable de eliminar el exceso de grasa en forma de calor”. Esa proteína es la p38 delta, encargada de regular la temperatura. Durante la investigación, los ratones objeto de estudio fueron sometidos a bajas temperaturas, lo que hizo que la proteína p38 delta se activase y aumentase la actividad de la grasa parda.

No obstante, esta activación también tiene sus consecuencias, según Sabio: “El mecanismo molecular de la activación es idéntico al que hace que el corazón lata más rápido y pueda tener arritmias“.

Para Sabio, “uno de los problemas a los que nos enfrentamos es cómo activar la grasa parda sin producir efectos secundarios en el corazón“.

Además del frío, el deporte también ayuda a activar la grasa parda. El endocrinólogo Paul Lee, del Instituto de Investigación Médica de Garvan (Australia), recomendaba en la presentación de un estudio ante la Sociedad Internacional de Endocrinología salir a caminar durante las mañanas de invierno con ropa más ligera que permita sentir el frío, pero sin sufrir, para así motivar la regeneración de la grasa parda.  “Se ha visto que el ejercicio secreta hormonas que podrían activar” la grasa parda, señala por su parte Guadalupe Sabio, aunque todavía es una de las cuestiones que se están investigando.

Por otro lado, Sabio también avisa sobre los tratamientos específicos que activan la grasa parda y sostiene que “no se ha probado que funcione ninguno” ni hay “evidencia científica de que los entrenamientos con frío extremo funcionen, pero sí pueden tener efectos secundarios como problemas cardiovasculares”.